Stephen Hawking y los agujeros negros están indisolublemente ligados.
No es que los descubriera él, ni mucho menos, pero sus investigaciones e
importantes aportaciones sobre estos exóticos objetos predichos
teóricamente y detectados (por sus efectos) en el universo se remontan a
trabajos clave de hace más de cuatro décadas. Ahora afirma que no
existen los agujeros negros, al menos como se entienden habitualmente.
Esta semana ha presentado un artículo, una prepublicación que aún no ha
pasado el proceso normal de revisión científica, pero que inmediatamente
ha ganado notoriedad. Lo firma él solo, tiene cuatro páginas (una de
presentación, dos de argumento y la última de referencias) y lleva un
título extraño:Conservación de la información y predicción meteorológica para los agujeros negros. Los físicos presentan habitualmente sus artículos en la web arXiv, donde son públicos, antes de someterlos al proceso de evaluación de expertos obligado para su la publicación oficial.
Un agujero negro, en principio, es algo tan simple como un lugar de
tan inmensa densidad de materia y energía que su gravedad curva el
espacio-tiempo hasta tal punto que nada, ni siquiera la luz, puede
escapar. Pero además, dadas sus condiciones extremas, es un banco de
pruebas predilecto de los físicos teóricos para explorar sus conjeturas.
El punto crítico de los agujeros negros que Hawking ataca ahora es el
denominado horizonte de sucesos, esa frontera a partir de la cual nada
puede escapar de la atracción gravitatoria, ni la luz. “No hay salida de
un agujero negro en la teoría clásica, pero la teoría cuántica permite
que la energía y la información escapen de él”, ha explicado el propio
Hawking a la revista Nature, que informa en su sección de
noticias en Internet sobre este último artículo del célebre físico
británico. Para explicar todo el proceso, sería necesario lograr por fin
la plena integración en una única teoría de la gravedad con las otras
tres fuerzas fundamentales de la naturaleza (es decir, la relatividad
general que rige el universo macroscópico y la mecánica cuántica que
rige el mundo subatómico), reconoce el científico, pero esa fusión se
resiste a los físicos desde hace tiempo y, de momento, “el tratamiento
correcto sigue siendo un misterio”, añade Hawking.
En su nuevo artículo propone que no hay un horizonte de sucesos en
torno al agujero negro, sino un horizonte aparente, que “aprisiona la
materia y energía solo temporalmente, antes de emitirla de nuevo, aunque
en una forma caótica”, señala Zeeya Merali en Nature. La idea
de Hawking es que los efectos cuánticos alrededor del agujero negro
provocan fluctuaciones demasiado violentas para que pueda existir esa
frontera definida.
El horizonte de sucesos, consecuencia directa de la teoría de la
relatividad de Einstein, es la superficie alrededor del agujero negro
que no puede superar nada que esté atrapado dentro del mismo, ni
siquiera la luz, por lo que no puede salir información alguna del mismo.
Según la teoría clásica, un famoso experimento teórico un astronauta
que cayese en un agujero negro pasaría el horizonte de sucesos sin notar
nada especial y, a partir de ahí, se estiraría primero como un
espagueti (la enorme atracción gravitatoria es mayor en sus pies que en
la cabeza) para acabar completamente aplastado en el infinitamente denso
núcleo del agujero.
Pero hace un par de años, el físico Joseph Polchinski cambió este
escenario proponiendo en su lugar un muro de fuego: según la teoría
cuántica, el horizonte de sucesos es en realidad una región de altísima
energía en que el astronauta resultaría achicharrado. Esto supone un
desafío para la relatividad, recuerda Merali en Nature, ya que
según la teoría de Einstein el horizonte de sucesos del agujero negro
“debería pasar desapercibido” para el astronauta en caída. La
alternativa que propone Hawking, que respeta tanto la relatividad como
la teoría cuántica, es que los efectos cuánticos alrededor del agujero
negro provocan la violenta fluctuación del espacio tiempo que impide la
existencia de una frontera bien definida, descartando así el muro de
fuego.
El horizonte aparente, que la luz no puede superar para emerger del
agujero negro, continúa Merali, y el horizonte de sucesos serían
idénticos en un agujero negro que no variase. Pero si el agujero negro
va tragándose más material, el horizonte de sucesos crece y se hace más
grande que el aparente. Además, con la famosa radiación Hawking
propuesta hace cuatro décadas, el agujero negro puede encogerse y el
horizonte de sucesos sería más pequeño que el aparente. Esta variación
permitiría, en teoría, que la luz escape del agujero.
El físico británico sugiere que la frontera real es el horizonte
aparente y “la ausencia de un horizonte de sucesos significa que no hay
agujeros negros… en el sentido de regímenes en los que la luz no puede
jamás escapar”, aunque no especifica cómo puede desaparecer ese
horizonte de sucesos.
“La idea de un horizonte aparente no es completamente nueva”, señala Jacom Aron enNewscientist.
Él y Roger Penrose, recuerda, ya utilizaron la relatividad general para
demostrar que los dos horizontes eran idénticos. Ahora, “En este último
artículo suyo [Hawking] está proponiendo que la mecánica cuántica puede
revelar que son diferentes”. Pero esto no es lo más novedoso de su
último trabajo, considera Aron, sino “el intento de utilizar estas ideas
para resolver la paradoja del muro de fuego: al eliminar el horizonte
de sucesos mata también ese muro de fuego”. Y esto significa que
desaparece también la consecuencia obvia del mismo, es decir, que la
información no puede emerger de ninguna manera del agüero negro porque
el muro de fuego la destruye.
Así Hawking da una oportunidad de emerger a la información de la
materia aprisionada en el agujero negro. Eso sí, con limitaciones: “la
estructura de un agujero negro inmediatamente por debajo del horizonte
es caótica, lo que dificulta la comprensión de la información que
pudiera salir de él, en otras palabras, la información se pierde en el
sentido de que sería casi imposible interpretarla, pero no está
destruida”, señala Aron. Es como la predicción meteorológica –de ahí el
título del artículo del físico británico- porque “no se puede predecir
el tiempo más que con unos pocos días de anticipación”.

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