jueves, 12 de diciembre de 2013

El robot Curiosity encuentra pruebas de un antiguo lago en Marte

El análisis de los científicos muestra que el lago era tranquilo y probablemente contenía agua dulce con elementos biológicos


El robot Curiosity encuentra pruebas de un antiguo lago en Marte

Washington, 9 dic (EFE).- El robot Curiosity ha encontrado pruebas de la existencia de un antiguo lago en Marte que podría haber sustentado la vida por períodos largos hace millones de años, informó hoy la agencia espacial estadounidense NASA.
El análisis de los científicos mostró que el lago era tranquilo y probablemente contenía agua dulce con elementos biológicos tales como carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y azufre.
Una cuenca acuática de tales características proporcionaría las condiciones adecuadas para que prosperaran formas de vida microbiana simple, como los llamados quimiolitoautótrofos.
En la Tierra los quimiolitoautótrofos se encuentran comúnmente en cuevas y en torno a los boquetes hidrotermales. Esos microbios descomponen rocas y minerales para obtener su energía.
Las piedras de lodo en general se forman en condiciones de calma por la sedimentación de granos muy finos, capa sobre capa, en el agua quieta.
"Honestamente, el sitio se parece mucho a la Tierra", comentó el científico principal de la misión Curiosity, John Grotzinger, del Instituto de Tecnología de California.
Otro equipo de científicos de la NASA explicó que, según las observaciones y mediciones hechas por Curiosity, el riesgo de exposición a la radiación cósmica no debería ser un obstáculo para misiones humanas tripuladas a Marte.
Los instrumentos de Curiosity -un robot que llegó a la superficie marciana el 6 de agosto de 2012- han encontrado información que permite calcular que ese lago poco profundo, con agua dulce, existió hace unos 3,7 millones de años.
Los científicos consideran que esto indica que podría haber habido ambientes habitables en Marte mucho antes de lo pensado hasta ahora.
Un equipo de investigadores del Laboratorio de Ciencia de Marte, de la NASA y el Colegio Imperial, de Londres, ha analizado una muestra de rocas sedimentarias en un sitio llamado Yellowknife Bay, en el cráter Gale donde se posó el robot, cerca del ecuador de Marte.
Esas piedras de lodo han revelado que el cráter Gale, una cuenca de 150 kilómetros de diámetro con una montaña en su centro, albergó al menos un lago hace unos 3,7 millones de años.
Los científicos creen que el lago puede haber existido decenas o cientos de miles de años.
Sanjeev Gupta, del Departamento de Ciencia e Ingeniería de la Tierra en el Colegio Imperial y autor principal de un artículo que publica hoy la revista Science, dijo que "es importante hacer notar que no hemos encontrado señales de vida antigua en Marte".
"Lo que hemos encontrado es que el cráter Gale fue capaz de sustentar un lago en su superficie al menos un tiempo en su pasado antiguo y que eso puede haber sido favorable a la vida microbiana hace miles de millones de años", agregó.
En cuanto a la radiación cósmica, Jason Crusan, director de la División de Sistemas de Exploración Avanzada, dijo que una tripulación que viajara 180 días hasta Marte, permaneciera allí 500 días y demorara otros 180 en retornar a la Tierra se expondría a una dosis de radiación acumulativa de 1,01 sieverts.
Estos cálculos se sustentan en las mediciones hechas por el Detector de Evaluación de Radiación del Curiosity en la superficie marciana, explicaron los científicos.
Por comparación, la Agencia Espacial Europea, en general, limita la exposición a la radiación por parte de sus astronautas, en toda su carrera a 1 sievert, que aparece vinculado a un aumento del 5 por ciento en el riesgo de cáncer mortal.
"Es un número manejable", dijo el investigador principal Don Hassler, del Instituto de Investigación del Sudoeste, en Boulder, Colorado.

El telescopio ‘Hubble’ capta posibles geíseres en Europa, la luna de Júpiter



Europa, una de las cuatro lunas que Galileo descubrió en torno al planeta Gigante Júpiter, llama poderosamente la atención de los científicos porque debe tener un océano de agua líquida bajo la capa helada que lo cubre. Ahora parece que incluso salen plumas de vapor de agua, como geiseres de 200 metros de altura, de vez en cuando, en su polo sur. Así lo sugieren unas observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble hace un año, cuando captó excesos de hidrógeno y oxígeno en dos zonas del hemisferio meridional del satélite galileano. El científico Lorenz Roth y sus colegas lo explican hoy con detalle en la reunión de la Unión Americana de Geofísica, que se celebra en San Francisco, al tiempo que publican su artículo correspondiente en la revista Science.
El Hubble también se apuntó hacia Europa en 1999, pero no se detectaron entonces esas señales que los investigadores interpretan como plumas. Esto ayuda a explicar el proceso que desencadena el fenómeno, señalan Roth y sus colegas. Los chorros duran unas siete horas y debe estar en acción la potente fuerza gravitatoria de Júpiter, de manera que se forman los geiseres cuando esa luna está, en su órbita, cerca del planeta y desaparecen cuando se aleja. Las fuerzas de marea están jugando un papel esencial en el fenómeno al abrir fracturas en la superficie por las que sale el vapor de agua a presión, apunta Science. Así, las plumas no observaron ni en 1999 ni en noviembre del año pasado, cuando Europa no estaba en su máxima proximidad a Júpiter, pero sí en diciembre de 2012, cuando estaba casi en su máxima distancia.
Los geiseres de Europa pueden ser similares a los que se producen en la luna de Saturno Encélado, donde escapan emisiones de vapor a alta presión por fracturas muy finas de la corteza y, efectivamente, recuerdan estos investigadores, se ha observado recientemente que esos chorros son más activos cuando ese satélite natural está cerca más cerca del planeta de los anillos.
“La excepcional morfología de la superficie de Europa sugiere la existencia de una capa de agua líquida bajo la corteza helada, lo que ha sido confirmado independientemente por medidas tomadas con magnetómetros”, explican Roth (Southwest Research Institute, EE UU) y sus colegas en su artículo científico. Sin embargo, recuerdan que no se ha observado directamente actividad geológica en el presente con las misiones Voyager (de sobrevuelo de Júpiter) y Galileo (en órbita del planeta), ni en otros datos. Esa luna tiene una leve atmósfera que fue detectada, en 1995, por el Hubble en ultravioleta.